¿Quién soy?

María Gómez

Directora de Espacio de Acompañamiento Respetuoso La Caracola (San Martin de la Vega – Madrid).
Secretaria de APPSI (Asociación para la Prevención y Pomoción de la Salud Infantil)
Educadora Social especializada en Crianza y Educación.

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Todo el trabajo que he realizado con María ha sido un regalo para mí y mi familia. Su mirada es un pilar en la base de nuestra crianza. Toda la información que he recibido me ha dado recursos, y sobre todo mucha confianza en mi maternidad. ¡Gracias!

Alicia González - Pintora, diseñadora e ilustradora en Alicia González Estudio

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Creer o no creer.

De mi infancia recuerdo la noche de Reyes con cariño y mucha, muchísima, magia. Primos, tíos, abuela, novios, amigos de la familia, nos reuníamos en la bodega de mis tíos alrededor de la chimenea, los niños nos íbamos a dormir y una vez que el reloj anunciaba la medianoche, nos despertaban para ver la inundación de regalos que había aparecido mágicamente en la cocina.

El año que cumplí los 10, creo, ya estaba casi convencida de que eso de los Reyes no podía ser real. Ese mes de diciembre, mi gato se había escapado de casa. Hacía frío y yo estaba muy preocupada. Fue la «noche de reyes» cuando al llegar a casa después de la entrega oficial de regalos, salí a la terraza y escuché su maullido. Mi madre encontró al gato en la ventana de una vecina, consiguió sacarlo entre las verjas y subirlo a casa. Cuando llegó con él en los brazos y las manos todas arañadas, yo no me lo podía creer. Ella me dijo: «yo creo que ha sido magia que haya aparecido esta noche.»

Y volví a creer en la Magia para siempre.

Estas experiencias han hecho que yo sea una persona fantasiosa, creo en la magia de las relaciones, del amor, de la bondad y de la infancia. Si voy al teatro, consigo entrar en la escena con todos mis sentidos, si veo un espectáculo de ilusionismo, no veo ni busco los trucos, disfruto enormemente también de la danza, de las luces, de las estrellas fugaces, de los juegos de mis hijos. Creo que es Magia lo que sucede cada mañana al salir el sol y caer la gota del rocío en la hoja que lo precisa. Y vuelvo a creer en la Magia cada mañana al observar el jardín de La Caracola y sentir que estoy en un lugar sagrado donde habitan duendes y hadas que ríen y corretean.

Ayer estuve en un centro comercial y bajando por las escaleras mecánicas encontré un escenario esperpéntico, una fila infinita de familias esperando para ver a unos señores muy mal disfrazados con cara aburrida. Entre la multitud exaltada pude ver la alegría de algunos niños, pero también a muchos llorando, padres gritando “estate quieto que ya nos toca”, “pórtate bien que te están viendo” y lo peor, niños y niñas con la mirada perdida, miedo o falta de ilusión por lo que iban a vivir.

Por eso, con respecto a los Reyes Magos, creo que la cuestión no es si celebrar o no hacerlo, creo que la verdadera cuestión es cómo hacer una u otra cosa.

En caso de celebrar, pienso que necesariamente debemos comprender como adultos la función de la magia en el mundo infantil. De lo contrario, este momento puede carecer de sentido, sobre todo si el adulto aprovecha la inocencia y pensamiento mágico del niño para chantajear con el eterno “si no te portas bien…”, amenazar con el moralista “¿has sido bueno?” o desilusionar con las absurdas herramientas digitales, escenarios cutres que recrean personajes pintados con betún o un exceso de razonamientos lógicos relacionados con el evento.

Por otro lado, no celebrar, puede ser vivido por el niño como un castigo, una carencia, una frustración frente a una cultura en la que predomina esa tradición que, por alejada de nuestra realidad que parezca, puede ser aprovechada para construir identidad y recuerdos familiares. No nos dejemos caer en la trampa de la industria juguetera, ni tampoco en el boicot a la misma a costa de las ilusiones de las criaturas. Propongo para ello un consumo responsable, coherente y sostenible.

La magia se comparte con el corazón, creyendo en el niño y devolviendo un espejo de sus propias fantasías. Sosteniendo su inocencia y enriqueciendo los escenarios de juego con sensibilidad y precaución.

La magia nunca estuvo sujeta a lo material. El niño no vive más ilusión por recibir más regalos. También destruimos su creatividad cuando limitamos sin sensibilidad por argumentos basados en el miedo y en pensamientos adultos.

Cuidemos sus capacidades y su pensamiento mágico en cada instante vital. En cada cuento que narramos, en las misiones secretas para ir a comprar el pan, en los silencios de estar absortos en su juego, en ese vaso que se ha roto y se ha transformado en lluvia de estrellas, en las cosquillas que cada noche le hacemos a los dientes para que se duerman contentos, en el calcetín que molesta pero habla y cuenta chistes para relajar el ambiente… Protejamos su potencial y su autoestima con amor y empatía.

Y así podremos preguntarnos, una vez pasado el 5 de enero… ¿qué otros momentos de magia vivimos en familia durante el año?

La sensibilidad materna.

Mary Ainsworth en 1974 formuló el concepto «sensibilidad materna». Con ello aportó luz a la teoría del apego y suelo utilizarlo bastante en los grupos dinámicos de padres y madres o en las consultas de atención familiar. Ainsworth no se refería con ello a ser madres perfectas, ni a ser madres amables, ni a ser altamente sensibles, ni a ningún canon pre establecido por un sistema predominante. La sensibilidad materna guarda relación con nuestra naturaleza humana y la esencia filogenética de los mamíferos.

Cuando fui madre por primera vez y antes de serlo, buscaba las “recetas milagrosas” para la educación y crianza, pero más tarde comprendí que todo lo que escuchamos y aprendemos está influenciado por nuestro propio carácter y nuestras vivencias pasadas. He visto demasiadas veces cómo indicaciones concretas que compartía, se convertían en un elemento distanciador entre madre e hijo por una falta de comprensión o una interpretación alternativa de mis palabras.

Sin embargo, encuentro en el concepto de la sensibilidad materna un punto de partida interesante para las madres de niños pequeños que dudan si estarán «malcriando» a su bebé por responder a todas sus demandas o si por lo contrario deberían enseñarle a esperar, como observo muchísimas veces en el parque, piscina y otras situaciones sociales.

La sensibilidad materna consiste en dar una respuesta adecuada a las necesidades del bebé, es la base fundamental del vínculo de apego seguro y consiste en:

  1. Percibir las señales.
  2. Interpretarlas correctamente.
  3. Satisfacer la necesidad.

¿Por qué es tan importante satisfacer la necesidad del bebé de manera sensible e inmediata? Porque influye directamente en la relación con uno mismo. En mi formación en Minfulness con enfoque Gestalt tuve la grata sorpresa de conocer que el proceso de la regulación en nuestro espacio interno es exactamente el expuesto más arriba. Es decir, cuando en nuestra infancia hemos recibido respuestas sensibles a nuestras necesidades, somos más capaces en la vida adulta de escuchar las señales de nuestro cuerpo, interpretarlas de manera adecuada y satisfacerlas por nosotras mismas o pidiendo ayuda si fuera necesario.

Es la base para un desarrollo físico y emocional saludable y una vida adulta plena, sin distractores comerciales que nos lleven a crear necesidades sustitutivas por no cubrir las esenciales, sin enfermar a causa del estrés por no habernos dado el espacio necesario para el descanso, la alimentación saludable, el ocio constructivo…

El apego seguro es la base, también, para crear relaciones de amistad o pareja más equilibradas, no depositando en la otra persona expectativas de cuidados o atenciones que corresponden a uno mismo.

A menudo en el cuidado a hijos pequeños aparece la sensación de saturación con el pensamiento «¿y yo qué? ¿y yo cuándo?». Propongo que este pensamiento sea inmediatamente abrazado con el mensaje del maestro Thich Nhat Hanh:

«Sonríe, respira y ve lentamente»

Crianza con apego ¿seguro?

Posiblemente cuando tuviste a tu peque viviste una revolución. Si estás leyendo mi página es porque estás en la insaciable búsqueda de información para comprender la mejor manera de responder a sus necesidades, cuidarle con respeto y no forzar sus procesos.

La primera vez que escuchaste el concepto de «crianza con apego», pensaste: «eso quiero yo, apego». Y después ya vino el pack, practicar en nombre del apego: colecho, porteo, lactancia a demanda, movimiento libre, BLW…

Así he estado durante 6 años y así llegaban todas las familias que acudían a La Caracola en búsqueda de un espacio refugio para sus crianzas a demanda. Decíamos: «con la teta fuera y el pañuelo colgado todo el día».

Empezamos a trabajar con el grupo de peques pensando que solo necesitaban un ambiente preparado para desplegar su potencial, venían niños desde que comenzaban a andar hasta los 6 años.

Pronto empezamos a observar situaciones, relaciones y comportamientos que nos llamaban la atención. ¿Si son niños de crianza con apego, por qué tienen estas dificultades? En general todos estaban felices de quedarse en el espacio progresivamente y, tal y como auguraba nuestro proyecto, desplegaban al máximo su potencial. Sin embargo, algunos no querían que sus mamás se marcharan nunca, otros lloraban o se enfadaban mucho cuando ésta llegaba, otros ni siquiera se comunicaban durante la mañana con niños o adultos… Había algo que se nos escapaba.

En nuestro ímpetu por proponer un rol del adulto neutral, que no causara interferencias en el juego, nos desviamos de nuestra función principal de cuidadores de niños en fase temprana de desarrollo. Por suerte, nuestro instinto y alta sensibilidad rompió rápidamente con lo que «teníamos que hacer» según lo que habíamos entendido que era el acompañamiento no directivo, y comenzamos a trabajar tal y como «queríamos hacer».

Nos pusimos rápidamente a investigar ese «sentir» nuestro y encontramos respuestas inmediatas al profundizar en la Teoría del Apego, algo que ya era conocido para nosotras, pero que no habíamos terminado de encajar en nuestro puzzle. Ya sabíamos que los mamíferos nacemos predispuestos a establecer un vínculo de apego con un ser humano de referencia, preferiblemente la madre que nos ha gestado. Pero desconocíamos lo esencial, la danza en la que este vínculo se va formando poco a poco en un apego seguro o inseguro, dependiendo del tipo de respuestas que recibimos de nuestra madre y del tipo de interacción que se establezca en los primeros años de vida.

Así pues, la crianza es con apego si o si, pero necesitamos más información sobre nosotras mismas, nuestra infancia y las etapas de desarrollo del bebé para ofrecer un vínculo de apego seguro a las criaturas.

Lo que hay detrás de toda esta vivencia profesional (también personal), es el aprendizaje posterior que vino reafirmando nuestras decisiones en el proyecto de nuestro espacio de juego y crecimiento:

  • Acoger sólo a niños y niñas mayores de 3 años. Los menores de esta edad vienen con sus mamás a un grupo de juego exclusivo.
  • Diseñar un periodo de adaptación enfocado al momento sensible de la separación, atendiendo las necesidades de vinculación, integración y seguridad del niño.
  • Ayudar a las madres y padres a comprender en qué consiste el apego seguro y cómo hacer que esta separación no ponga en peligro el vínculo.

Merece la pena comprender mejor lo que hacemos y el para qué lo hacemos, así «el pack de la crianza con apego» se disfruta más y sin contrasentidos fruto de nuestro carácter o la influencia del entorno. ¿No crees?

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